| |
|
| colunadosardinha.silv, |
© 2025 JPMorgan Chase & Co
"A LITERATURA CELEBRA O QUE A ECOLOGIA PRESERVA"
| |
|
| colunadosardinha.silv, |
| |
|
| colunadosardinha.silv, |
| |
|
| colunadosardinha.silv, |
Para darse de baja click aquí
Hola,
Soy Laura Sánchez, redactora de Papernest, y editora de la sección del blog que se ocupa del apartado de información y temas relacionados con energía, nuevas tendencias y sostenibilidad.
Creemos que podría interesarte nuestro artículo más reciente, que analiza con datos oficiales cuáles son los electrodomésticos que realmente concentran el consumo eléctrico del hogar y por qué muchas creencias habituales sobre la factura de la luz no se ajustan a la realidad.
Te enviamos este artículo pensando que podría ser interesante para ti y para tus lectores. Puedes publicarlo tal cual está o modificarlo a tu gusto en función de tus necesidades editoriales. Si necesitas imágenes adicionales, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
Sólo pedimos que se especifique nuestra fuente con el enlace acorde a la siguiente anotación por motivos de derechos de autor.
Fuente: papernest.es
<<<<<<<<<<<<< INICIO DE TEXTO
La mayoría de hogares cree saber qué electrodoméstico dispara la factura de la luz. La televisión, encendida durante horas, o el horno, asociado a picos de potencia elevados, suelen encabezar esa lista mental. Sin embargo, los datos oficiales desmienten esa intuición. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el consumo eléctrico doméstico se concentra en unos pocos aparatos que funcionan de manera constante. Entender dónde se va realmente la electricidad obliga a los hogares a cuestionar sus propias creencias y explica por qué muchos intentos de ahorro fracasan antes de empezar, incluso cuando el precio de la luz se convierte en una preocupación recurrente.
Algunos hogares pueden haberlo intuido, pero el dato sigue siendo contundente. El frigorífico representa de media el 31 % del consumo eléctrico de una vivienda y, si se suma el congelador, la cifra asciende hasta el 37 %. En la práctica, más de un tercio de toda la electricidad del hogar se destina a conservar alimentos.
La clave no es la potencia, sino la continuidad del consumo. A diferencia de otros electrodomésticos, la nevera no se apaga nunca, y cualquier ineficiencia se acumula día tras día. Este gasto estructural se intensifica especialmente cuando concurren varios factores habituales en muchos hogares:
La acumulación de escarcha obliga al motor a trabajar más tiempo del necesario, incrementando el consumo de forma constante.
Una ubicación cercana a fuentes de calor reduce la eficiencia térmica, lo que se traduce en mayor gasto eléctrico.
Temperaturas interiores mal ajustadas elevan el consumo sin aportar beneficios reales.
Una mala decisión de compra acompaña al hogar durante más de una década, convirtiendo la ineficiencia inicial en un sobrecoste permanente, difícil de compensar incluso cambiando a la compañía más barata de luz y gas.
En el segundo escalón aparecen electrodomésticos cuyo impacto suele infravalorarse. La televisión supone alrededor del 12 % del consumo eléctrico, una proporción similar a la de la lavadora. En este caso, el gasto no se explica solo por el tiempo de uso, sino por la suma de hábitos asociados. Segundas pantallas, modelos antiguos o televisores encendidos como acompañamiento elevan el consumo sin percibirse como un gasto relevante.
La lavadora plantea un límite evidente: no se puede reducir su uso sin afectar a la rutina doméstica. El margen real está en decisiones estructurales, como evitar la secadora siempre que sea posible, aprovechar las horas de sol para el secado natural o elegir equipos eficientes desde el momento de la compra. En paralelo, revisar aspectos como la potencia contratada permite evitar pagar de más por un consumo que no se ajusta a la realidad del hogar.
Este es el consumo que pasa más desapercibido. Los electrodomésticos en modo standby representan en torno al 11 % del consumo eléctrico del hogar, una cifra comparable a la de un electrodoméstico principal. Televisores, routers, microondas o equipos de sonido siguen consumiendo electricidad aunque parezcan apagados, generando un gasto continuo y silencioso.
Los expertos coinciden en que la solución más eficaz no pasa solo por la disciplina diaria, sino por eliminar la inercia. Análisis del mercado energético elaborados por entidades como Papernest apuntan a que la automatización del corte de suministro, junto con estrategias para reducir el consumo energético, permite minimizar este gasto sin modificar rutinas. El horno, con un 8 %, completa este bloque de consumos puntuales pero intensivos, cuya gestión suele depender de una correcta planificación y de los trámites de luz y gas asociados al suministro.
Los datos dibujan un patrón claro: el gasto eléctrico del hogar no lo marcan los picos ocasionales, sino la constancia. Los electrodomésticos que menos atención reciben son los que más peso tienen en la factura anual. Por eso, muchas estrategias de ahorro se quedan en la superficie. Cuando el foco se desplaza de lo visible a lo estructural, el margen de actuación deja de ser anecdótico y pasa a ser real.
Fuente: papernest.es
<<<<<<<<<<<<< FIN DE TEXTO
Si ya no desea recibir correos electrónicos de Papernest, haga click aquí o responda a este correo electrónico. Lo eliminaremos directamente de nuestra lista de correo.
Gracias por adelantado por tu respuesta.
Para darse de baja click aquí
Hola,
Soy Laura Sánchez, redactora de Papernest, y editora de la sección del blog que se ocupa del apartado de información y temas relacionados con energía, nuevas tendencias y sostenibilidad.
Creemos que podría interesarte nuestro artículo más reciente, que analiza cómo el auge de la inteligencia artificial está transformando el sistema energético global y por qué la soberanía energética se ha convertido en un factor clave para la competitividad económica y tecnológica, especialmente en Europa.
Te enviamos este artículo pensando que podría ser interesante para ti y para tus lectores. Puedes publicarlo tal cual está o modificarlo a tu gusto en función de tus necesidades editoriales. Si necesitas imágenes adicionales, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
Sólo pedimos que se especifique nuestra fuente con el enlace acorde a la siguiente anotación por motivos de derechos de autor.
Fuente: papernest.es
<<<<<<<<<<<<<<<<< INICIO DE TEXTO
En 2024, los centros de datos ya consumieron más electricidad que países enteros, como Argentina o los Países Bajos, y la inteligencia artificial es el principal acelerador de esa demanda. Mientras el debate público sigue centrado en chatbots y aplicaciones, el impacto real de la IA se está produciendo en el sistema energético global. La pregunta clave ya no es qué modelo es más avanzado, sino quién puede permitirse alimentarlo, con implicaciones directas para la economía, los precios de la energía y la soberanía tecnológica de Europa.
A diferencia de la revolución digital de los años 2000, basada en software y costes marginales decrecientes, la inteligencia artificial responde a una lógica industrial clásica. El entrenamiento y operación de modelos avanzados exige infraestructuras físicas intensivas en capital y consumo eléctrico continuo, una relación cada vez más evidente entre inteligencia artificial y energía. Esta transición explica por qué grandes tecnológicas están asegurando suministro energético a largo plazo: Amazon se ha convertido en uno de los mayores consumidores corporativos de electricidad del mundo, con más de 20 gigavatios de capacidad renovable contratada, una cifra comparable al consumo anual de países medianos.
Esta presión energética está dando lugar a una reindustrialización silenciosa, menos visible pero igual de determinante que las anteriores. No hay fábricas ni chimeneas, pero sí una transformación estructural que se manifiesta en:
La proliferación de centros de datos que operan de forma continua y dependen de suministro eléctrico estable.
Redes eléctricas cada vez más tensionadas, diseñadas para una demanda que crece más rápido que la oferta.
Contratos energéticos firmados a décadas vista, que condicionan la localización y escalabilidad de la IA.
La conversión de la energía en un activo estratégico, que deja de ser un coste operativo secundario.
El efecto de esta transformación se traslada directamente al bolsillo del consumidor y a las decisiones empresariales. La demanda eléctrica impulsada por la IA crece mucho más rápido que la oferta, lo que incrementa la volatilidad del precio de la luz y añade presión a un mercado ya condicionado por tensiones geopolíticas y regulatorias. La energía, antes abundante y relativamente predecible, se ha convertido en un factor de riesgo económico estructural, con impacto directo sobre la tarifa de luz que pagan hogares y empresas.
El capital está leyendo esta señal con claridad. En 2023, Amancio Ortega adquirió el 49 % de una cartera de activos renovables de Repsol, con más de 600 megavatios de capacidad instalada, en una operación valorada en torno a 740 millones de euros. No se trata de una apuesta tecnológica, sino de una inversión en un recurso limitado y no sustituible. En paralelo, Elon Musk ha insistido en que los activos digitales dependen del mercado energético, subrayando que la economía digital no escapa a los límites físicos.
El contraste geopolítico es cada vez más evidente. China ha optado por un modelo de integración vertical, en el que energía, industria y tecnología forman parte de una misma estrategia. Más del 40 % de su electricidad procede ya de fuentes limpias, y el complejo energético-tecnológico aporta alrededor del 10 % de su PIB, respaldado por inversiones anuales que superan el billón de dólares. Esta estructura le permite escalar tecnologías intensivas en consumo eléctrico sin depender de mercados externos fragmentados.
Europa, en cambio, afronta una dependencia energética estructural y un mercado energético fragmentado que limita su ambición tecnológica. Análisis recientes de papernest apuntan a que esta fragilidad no es coyuntural, sino un límite estructural para el desarrollo económico y digital del continente. En un contexto de tensión creciente sobre las redes, incluso escenarios antes excepcionales, como los cortes de luz, vuelven a formar parte del debate. Sin soberanía energética, la soberanía digital se diluye, y en la carrera de la inteligencia artificial la ventaja no la marcarán solo los algoritmos, sino quién puede garantizar acceso estable y asequible a la energía que los hace posibles.
Fuente: papernest.es
<<<<<<<< FIN DE TEXTO
Si ya no desea recibir correos electrónicos de Papernest, haga click aquí o responda a este correo electrónico. Lo eliminaremos directamente de nuestra lista de correo.
Gracias por adelantado por tu respuesta.
Para darse de baja click aquí
Hola,
Soy Laura Sánchez, redactora de Papernest, y editora de la sección del blog que se ocupa del apartado de información y temas relacionados con energía, nuevas tendencias y sostenibilidad.
Creemos que podría interesarte nuestro artículo más reciente sobre cómo los avances tecnológicos de 2025 han transformado sectores clave a nivel global y cómo estos cambios impactarán a consumidores y mercados en el 2026.
Te enviamos este artículo pensando que podría ser interesante para ti y para tus lectores. Puedes publicarlo tal cual está o modificarlo a tu gusto en función de tus necesidades editoriales. Si necesitas imágenes adicionales, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
Sólo pedimos que se especifique nuestra fuente con el enlace acorde a la siguiente anotación por motivos de derechos de autor.
Fuente: papernest.es
<<<<<<<< INICIO DEL TEXTO
Avances tecnológicos del 2025 que proyectan un 2026 con retos para consumidores y mercados
El último año ha marcado un punto de inflexión en la relación entre tecnología, economía y vida cotidiana. La expansión de la energía solar, el avance de la inteligencia artificial y su aplicación en ámbitos como la sanidad aceleraron procesos y redujeron costes en un contexto de demanda energética creciente y cada vez más exigente. Sin embargo, este progreso también expuso con mayor claridad las desigualdades en el acceso a la innovación: mientras gobiernos y grandes corporaciones concentraron inversión y capacidad de adaptación, hogares y pequeños actores encontraron mayores dificultades para beneficiarse de estos cambios. Este escenario define el arranque de 2026, donde la regulación, la inversión en infraestructuras y la protección del consumidor serán determinantes para que el progreso tecnológico no quede reservado a unos pocos.
Este 2025 se ha consolidado como el año de la energía solar, y el país que mejor ha sabido interpretar ese cambio estructural ha sido China. Con más del 80 % de la producción mundial de células solares y cerca del 70 % de las turbinas eólicas, el gigante asiático ha impulsado un modelo apoyado en la inteligencia artificial aplicada a la energía, acelerando la eficiencia de las redes y la reducción de costes frente a las fuentes tradicionales como el carbón. Este avance tecnológico y productivo no se queda en el plano macroeconómico, sino que se ha trasladado con beneficios reales al día a día de los consumidores y a la estructura del acceso energético a escala global.
Los hogares conectados a redes optimizadas pueden reducir su factura eléctrica y gestionar de manera más consciente su consumo
En 2025, la expansión de renovables ha facilitado el acceso a electricidad limpia en África y Asia, aunque la distribución depende de infraestructura y políticas locales, dejando fuera a quienes carecen de recursos o redes consolidadas.
Si bien el modelo chino sirve de referencia y promete beneficios directos para los consumidores, su replicación requiere inversión masiva, infraestructura consolidada y coordinación gubernamental, un límite real para la mayoría de países incluso para aquellos que se cosideran más avanzados. De cara a 2026, la desigualdad seguirá siendo un desafío, frenando la adopción de estas tecnologías en ciertos hogares y sectores.
Innovación médica con desafíos de privacidad
Otro sector que la tecnología ha transformado este año es sin lugar a duda la investigacion farmacéutica al acortar los ciclos de desarrollo de fármacos y permitir terapias genéticas personalizadas. Sin embargo, su expansión vuelve a poner sobre la mesa, de cara a 2026, debates críticos sobre equidad y privacidad: la concentración de recursos en grandes farmacéuticas genera costes que no reflejan necesariamente la eficiencia alcanzada, limitando el acceso en sistemas sanitarios menos robustos y al mismo tiempo, los pacientes continúan cediendo datos privados a sistemas informáticos exigentes frente al aumento acelerado de la tecnología en el sector médico, planteando riesgos éticos y de confidencialidad que siguen sin resolverse.
Aunque estos avances, cara al 2026 proyectan un acceso más rápido y eficaz a tratamientos, su impacto dependerá de políticas que garanticen distribución equitativa y gestión responsable de datos. Para los consumidores, esto puede traducirse en reducción de costes y mayor eficacia de las terapias, aunque sin un marco regulatorio inclusivo la brecha entre quienes pueden acceder a la innovación y quienes no podría ampliarse.
La experiencia de 2025 demuestra que los avances tecnológicos, especialmente en sectores como la energía y la sanidad, solo generan beneficios reales cuando van acompañados de una legislación adecuada y de inversión pública en infraestructuras. Sin marcos legales que protejan al consumidor y sin redes capaces de sostener estos cambios, la innovación corre el riesgo de quedar reservada para unas pocas multinacionales, ampliando desigualdades en lugar de reducirlas.
Por lo cual, comprender el contexto de dichas transformaciones y disponer de las herramientas adecuadas para afrontarlos, permitirán tomar mejores decisiones alineadas a sus necesidades primordiales.
En el ámbito energético, de cara a 2026, la capacidad de los usuarios para integrar estas innovaciones marcará la diferencia entre un hogar eficiente y uno vulnerable. Herramientas como comparadores de precios de la luz facilitan la gestión de contratos, información actualizada de tarifas y servicios de luz y gas, ayudando a maximizar la eficiencia energética y a adaptarse a los cambios que traerá el próximo año.
Para traducir estas innovaciones en beneficios reales, los consumidores deben prestar atención a factores clave que determinarán su eficiencia energética.
La expansión de energías renovables permite a los hogares reducir costes, mejorar la eficiencia energética y contribuir a la sostenibilidad global.
La falta de información y recursos puede amplificar desigualdades sociales y económicas, limitando que algunos consumidores aprovechen plenamente los avances energéticos y tecnológicos.
Un suministro estable y confiable es esencial para activar dispositivos inteligentes y servicios basados en IA, garantizando la continuidad de soluciones domésticas avanzadas.
<<<<<<<<<<< FIN DEL TEXTO
Fuente: papernest.es
Si ya no desea recibir correos electrónicos de Papernest, haga click aquí o responda a este correo electrónico. Lo eliminaremos directamente de nuestra lista de correo.
Gracias por adelantado por tu respuesta.