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Soy Laura Sánchez, redactora de Papernest, y editora de la sección del blog que se ocupa del apartado de información y temas relacionados con energía, nuevas tendencias y sostenibilidad.
Creemos que podría interesarte nuestro artículo más reciente sobre el giro estratégico de Tesla al abandonar la producción de sus modelos eléctricos más emblemáticos para centrarse en la robótica y la autonomía.
Te enviamos este artículo pensando que podría ser interesante para ti y para tus lectores. Puedes publicarlo tal cual está o modificarlo a tu gusto en función de tus necesidades editoriales. Si necesitas imágenes adicionales, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
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Fuente: papernest.es
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Elon Musk elimina el 50% de la gama de Tesla en un giro estratégico por la robótica
Tesla ha confirmado que dejará de fabricar los Model S y Model X en 2026, los vehículos que marcaron el inicio de su liderazgo en la movilidad eléctrica global. La decisión, explicada directamente por Elon Musk como parte de un giro "hacia un futuro centrado en la autonomía y la robótica", redefine la identidad de la compañía. El movimiento no solo afecta a su catálogo histórico, sino que altera la percepción de Tesla en un momento en que el mercado eléctrico mundial crece a doble dígito y la competencia se intensifica.
Estos modelos, lanzados en 2012 y 2015, fueron durante años la referencia tecnológica del coche eléctrico premium. Ahora, la empresa que simbolizó la transición energética reduce su gama tradicional para liberar capacidad industrial destinada al robot humanoide Optimus y al desarrollo de robotaxis, una apuesta que trasciende el negocio automovilístico clásico.
Reconfiguración industrial y pérdida de iconos históricos
La retirada de los Model S y X implica eliminar dos de los cuatro modelos que Tesla comercializaba hasta ahora. Según explicó Elon Musk en su última intervención pública ante inversores, mantener estas líneas ya no encaja con la prioridad estratégica actual. Musk reconoció que la decisión es "ligeramente triste", pero insistió en que la compañía debe concentrar recursos en tecnologías que considera decisivas para el futuro, como la inteligencia artificial aplicada a la autonomía total y la robótica avanzada.
La fábrica de Fremont será progresivamente adaptada para la fabricación de Optimus, sustituyendo líneas dedicadas a los Model S y X.
Esta reasignación industrial simboliza el paso de Tesla de fabricante de coches eléctricos a desarrollador de plataformas tecnológicas.
La prioridad estratégica ya no es ampliar la gama automovilística, sino impulsar la autonomía y la robótica como ejes de negocio.
Para muchos analistas, este cambio supone abandonar parte del terreno conquistado frente a fabricantes tradicionales y nuevas marcas asiáticas.
Cifras de ventas y señales de agotamiento comercial en 2025
El peso comercial de los Model S y X ya era residual antes del anuncio. En 2025, las matriculaciones en España reflejaron una caída significativa: apenas 21 unidades del Model S y 32 del Model X frente a miles de entregas de Model 3 y Model Y. Estos datos, aunque localizados, ilustran una tendencia global donde la demanda se desplazó hacia modelos más asequibles y recientes dentro de la propia gama Tesla.
Este debilitamiento comercial coincidió con un contexto de fuerte expansión del mercado eléctrico, lo que evidencia que el problema no era la falta de interés por el coche eléctrico, sino la pérdida de atractivo de estos modelos concretos. Mientras otras marcas renovaban rápidamente su oferta, Tesla mantuvo durante años prácticamente intactos sus buques insignia, que dejaron de ser competitivos en autonomía, diseño y precio frente a alternativas más modernas apoyadas en avances de inteligencia artificial.
Nuevo relato empresarial y ecosistema energético
El giro de Tesla anticipa un cambio profundo en la industria: la automoción eléctrica ya no se entiende solo como una pieza de la transición ecológica, sino como un campo de batalla tecnológico donde se cruzan energía, datos e inteligencia artificial. A medida que el coche eléctrico se consolida, el foco se desplaza hacia su integración en el sistema energético, desde la gestión cotidiana de la electricidad en hogares y empresas, un terreno donde los comparadores de luz se han convertido en una herramienta habitual, hasta su dependencia real de las energías renovables.
Este replanteamiento conecta directamente con el debate sobre el cambio climático en la transición energética, pero también deja al descubierto sus tensiones internas: mientras el discurso público sigue centrado en la descarbonización, las grandes compañías redirigen recursos hacia la IA, la autonomía y la robótica, donde se decide la ventaja competitiva futura. En ese contexto, la movilidad eléctrica deja de ser un fin en sí mismo y pasa a formar parte del diseño de ciudades sostenibles basadas en movilidad limpia, aunque impulsadas cada vez más por lógicas tecnológicas y de mercado que por el relato climático tradicional.
Fuente: papernest.es
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