quarta-feira, 7 de janeiro de 2026

El petróleo venezolano vuelve a situarse en el centro del equilibrio energético global

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Soy Laura Sánchez, redactora de Papernest, y editora de la sección del blog que se ocupa del apartado de información y temas relacionados con energía, nuevas tendencias y sostenibilidad.

Creemos que podría interesarte nuestro artículo más reciente sobre cómo el petróleo venezolano vuelve a ocupar una posición clave en el equilibrio energético global, utilizando la actualidad del país como punto de partida para analizar el mercado energético internacional, la competencia entre grandes potencias y el impacto del consumo energético en las decisiones geopolíticas actuales.

Te enviamos este artículo pensando que podría ser interesante para ti y para tus lectores. Puedes publicarlo tal cual está o modificarlo a tu gusto en función de tus necesidades editoriales. Si necesitas imágenes adicionales, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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Fuente: papernest.es

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El petróleo venezolano vuelve a situarse en el centro del equilibrio energético global

La reactivación del debate internacional en torno a Venezuela ha devuelto al petróleo como eje del análisis geopolítico, en un momento marcado por tensiones energéticas y reajustes de poder a escala global. El país concentra alrededor del 17 % de las reservas probadas de crudo del mundo, pero apenas representa hoy menos del 1 % de la producción diaria global, una anomalía sin precedentes dentro del actual mercado energético. Esta disociación explica por qué Venezuela sigue siendo un actor estratégico: no por lo que aporta hoy, sino por lo que podría alterar si cambiara el marco político y económico.

El peso estructural de las reservas energéticas

Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, con más de 300.000 millones de barriles certificados, una cifra equivalente a décadas completas de consumo de países industrializados. Sin embargo, su producción ha caído desde los más de tres millones de barriles diarios de finales del siglo XX a niveles que apenas influyen en el suministro global. Esta brecha entre potencial y realidad ha marcado su relación con Estados Unidos, especialmente en un contexto de sanciones, desinversión y deterioro progresivo de infraestructuras.

Más allá del caso venezolano, el petróleo sigue siendo la base del sistema energético mundial. Cerca del 80 % de la energía primaria consumida a escala global procede todavía de combustibles fósiles. La clave ya no es solo extraer crudo, sino controlar cuándo y bajo qué condiciones nuevas reservas pueden entrar en el mercado, un factor que acaba trasladándose al precio de la luz que pagan hogares e industrias.

Consumo global y competencia entre potencias

El mapa energético global revela una fractura estructural entre quienes consumen energía y quienes concentran los recursos. Estados Unidos, China, la Unión Europea e India lideran la demanda mundial, impulsada por la industria, el transporte y, cada vez más, por sectores intensivos como los centros de datos y la inteligencia artificial. Este crecimiento tensiona los sistemas de suministro y refuerza el papel de los Estados en la regulación del mercado y en la supervisión de las comercializadoras reguladas.

En este escenario, América Latina ha pasado a ser un espacio de competencia directa entre potencias:

  • China ha reforzado su presencia regional mediante acuerdos energéticos y financiación ligada a recursos, utilizando préstamos respaldados por petróleo.

  • Venezuela se ha convertido en uno de los casos más representativos de esta estrategia, con compromisos de suministro a largo plazo.

  • Países como Brasil y Argentina han captado inversión china en infraestructuras energéticas, ampliando la influencia del país asiático en el continente.

Para Washington, el objetivo no es solo asegurar recursos, sino evitar que estos refuercen la autonomía estratégica de competidores globales.

Energía como palanca de poder internacional

La energía se ha consolidado como una moneda de negociación geopolítica de primer orden. Poseer recursos, controlarlos o bloquear su acceso condiciona alianzas, sanciones y equilibrios regionales, así como el impacto ambiental y la huella de carbono de las economías avanzadas.

Desde esta perspectiva, Venezuela funciona como un caso límite del sistema energético global: un país con capacidad para alterar mercados, pero atrapado en dinámicas políticas que impiden su integración plena. El debate sobre su petróleo no es bilateral ni coyuntural, sino parte de una reconfiguración profunda del equilibrio energético y geopolítico mundial, en un contexto donde la expansión de la inteligencia artificial y el consumo energético está redefiniendo las prioridades estratégicas de gobiernos y grandes actores económicos.

Fuente: papernest.es

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