segunda-feira, 19 de janeiro de 2026

Estados Unidos apuesta por energía nuclear, esta vez en el espacio​

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Soy Laura Sánchez, redactora de Papernest, y editora de la sección del blog que se ocupa del apartado de información y temas relacionados con energía, nuevas tendencias y sostenibilidad.

Creemos que podría interesarte nuestro artículo más reciente sobre la NASA y las decisiones estratégicas de Estados Unidos en el espacio. Esta pieza explora cómo el nombramiento de Jared Isaacman, cercano a Elon Musk, ha sacudido la NASA y cambiado las prioridades de Estados Unidos en el espacio. Ahora, la agencia pone la energía nuclear lunar por delante de los vuelos tripulados, mostrando que la verdadera carrera no es solo por la presencia humana, sino por controlar los recursos energéticos que definirán el poder espacial y geopolítico del país.

Te enviamos este artículo pensando que podría ser interesante para ti y para tus lectores. Puedes publicarlo tal cual está o modificarlo a tu gusto en función de tus necesidades editoriales. Si necesitas imágenes adicionales, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
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Fuente: papernest.es


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Estados Unidos apuesta por energía nuclear, esta vez en el espacio

La estrategia espacial de Estados Unidos ya no puede leerse al margen de su contexto geopolítico y energético. Mientras la Casa Blanca endurece decisiones en tierra relacionadas con el control de recursos estratégicos como el petróleo, con disputas como Venezuela o Groenlandia, la NASA, con un nuevo líder y aliado de Musk, en conjunto con el Departamento de Energía avanzan en un plan para instalar un reactor nuclear en la Luna antes de 2030. La exploración espacial aparece así ligada a una búsqueda acelerada de fuentes de energía, incluso fuera del planeta, con implicaciones económicas y políticas cada vez más evidentes en un escenario donde el mercado energético y la gestión de recursos marcan la estrategia tanto en la Tierra como en el espacio.

Infraestructura energética lunar

El despliegue de un reactor nuclear de fisión en la superficie lunar representa un cambio profundo en las prioridades espaciales estadounidenses. El sistema previsto, con una potencia cercana a 40 kilovatios, está diseñado para garantizar suministro continuo de energía a bases permanentes, equipos científicos y futuras operaciones industriales. La NASA y el Departamento de Energía coinciden en que sin una fuente energética constante, la permanencia humana y técnica en la Luna sería inviable incluso reduciendo el consumo energético, especialmente durante las noches lunares de dos semanas sin luz solar

Este enfoque sitúa la energía como eje central de la estrategia, por delante incluso de la presencia tripulada. El calendario apunta a finales de la década y moviliza contratos tecnológicos de alto valor. La elección de la energía nuclear, frente a alternativas renovables, evidencia una preferencia por soluciones rápidas y robustas, aunque ello implique reabrir debates sobre seguridad, residuos y control de infraestructuras críticas en un entorno sin regulación internacional clara.

Retrasos políticos y calendario tripulado

El retorno de astronautas estadounidenses a la Luna ha sido aplazado oficialmente hasta 2028 tras un periodo prolongado de vacío de liderazgo en la NASA. La decisión, adoptada bajo la actual administración, rompe con compromisos previos y añade presión a un programa Artemis cuyo coste acumulado supera los 90.000 millones de dólares.

El impacto del retraso de la llegada a la luna se manifiesta en varios frentes clave:

  • Los socios internacionales ven alteradas sus previsiones, generando incertidumbre en la cooperación científica y técnica.

  • La industria aeroespacial ajusta contratos y calendarios, con efectos directos en inversión y empleo especializado.

  • La prioridad energética gana peso frente a la exploración humana, reforzando una narrativa más industrial que científica, donde incluso el precio de la luz refleja la urgencia de asegurar energía.

  • La credibilidad estratégica de Estados Unidos se resiente, en un contexto de competencia lunar con otras potencias.

La fijación de fechas políticas contrasta con una ejecución condicionada por presupuestos volátiles y por una agencia cada vez más dependiente de decisiones externas al ámbito científico.

Nueva gobernanza y prioridades energéticas

El nombramiento del nuevo administrador de la NASA Jared Isaacman, un empresario multimillonario con fuertes lazos en el sector tecnológico y político, así como amigo del famoso CEO de Tesla, Elon Musk, consolida un giro estructural en la gobernanza de la agencia. El peso del capital privado y de intereses industriales en la definición de la estrategia espacial es hoy determinante, especialmente en proyectos ligados al suministro energético.

El resultado es un modelo que prioriza la obtención inmediata de energía frente a criterios de sostenibilidad. Tras la política de Trump centrada en el petróleo y otras fuentes no renovables, la apuesta por la fisión nuclear en la Luna refleja un paso más en la estrategia de Estados Unidos de asegurar recursos y energía de rápida disponibilidad, dejando en segundo plano las energías renovables, y por ende la consideración por huella de carbono e impacto ambiental. La exploración espacial avanza bajo esta lógica de urgencia energética, mostrando cómo el país redefine sus prioridades dentro y fuera del planeta.

Fuente: papernest.es


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